8. Tiergarten

Hoy nos hemos levantado más relajadamente después del palizón de ayer. Lo primero ha sido visitar el monumento más cercano al hotel: la iglesia del Kaiser Wilhem, a la que conocen cariñosamente como «la muela picada». Esto es así por su aspecto tras los bombardeos de la 2GM. Se perdió casi el 80% de la iglesia, y decidieron no reconstruirla para nunca olvidar la triste etapa. En los años 50 construyeron una modernísima por entonces torre campanario e iglesia, que confieren este aspecto tan extraño y llamativo.

Desde ahí tomamos el metro hasta la Potsdamerplatz para dar una vuelta rápida, pues pensamos volver de noche, que es cuando tiene mas animación y colorido. La plaza ya nada tiene que ver con lo que era antes de la 2GM. Cualquier edificio que encuentres es de finales de los 90 como mucho, y seguro hace las delicias de los amantes de la arquitectura.

Caminando llegamos a la cercana Puerta de Brandemburgo para verla ahora con más tranquilidad. Esa imagen que repetidas veces hemos visto en televisión como símbolo de la reunificación alemana y de la unión europea la tenía justo delante de mis ojos.

Desde ella vamos hacia la Plaza de la República, una enorme explanada de césped frente a la que se sitúa el Parlamento alemán (Reichstag), el cual visitaremos mañana. La cúpula de Norman Foster se adapta bien al entorno, aunque viendo maquetas de como era anteriormente pues… ¿evolución o clasicismo?

Seguimos por el Tiergarten hacia un edificio de arquitectura singular: la Casa de las Culturas del Mundo. Desde allí continuamos a orillas del río Spree hasta el palacio de Bellevue y posteriormente alcanzar nuestro siguiente destino: la Columna de la Victoria (Siegessäule).

Para subir al punto más alto hay que hacerlo a pie por una escalera de caracol, alcanzando los 60 metros. Las vistas son espectaculares.

Llama la atención especialmente aquí algo que encontramos en muchos monumentos de Berlin: desperfectos y surcos provocados por bombardeos.

Bajamos para tomar el bus junto a la Philarmonie, sede de la Orquesta Filarmónica de Berlín, edificio singular de los años 60 y cuyos precios de conciertos no dependen de la calidad auditiva sino visual.


Nuestra próxima parada la veremos en el siguiente post.

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