10. Reichstag

Hoy tocaba madrugar. Cogimos tren hasta la moderna estación de Hauptbahnhof y desde ahí a pie hasta la Plaza de la República para visitar el imponente Reichstag. A diferencia del día anterior, hoy radiaba el sol. Llevábamos el mismo tipo de ropa que ayer: pantalón largo, jersey y pañuelo (comprado expresamente por el día invernal que tuvimos). Y todo nos sobraba ¡Vaya calor!
El gobierno alemán me envió a última hora el permiso para entrar y conocer su parlamento, lo cual hay que hacer con bastantes días o semanas de antelación a través de internet. De todo el edificio resalta, evidentemente, la cúpula. Es una autentica obra de arte. Fue diseñada por Sir Norman Foster, y sustituye a la que desapareció por los bombardeos de la 2GM.


Hay mil detalles para contar de ella, pero creo que destacaría el hecho que desde ahí arriba puedas ver a través de unos cristales la sesión plenaria cuando ésta se celebra, de manera que la cúpula recuerda a los diputados que debe haber transparencia y que, aunque sean los gobernantes, por encima de ellos está el pueblo. Las vistas, ni qué decir tiene, son un privilegio.

Tomamos ahora el bus 100 hasta el final de Unter den Linden para visitar un mercadillo de artesanía bastante interesante. Lástima que no cabe todo en la maleta. De ahí fuimos al Neuesmuseum, que alberga, entre otras piezas conocidas, el busto de Nefertiti y la puerta del baptisterio de Florencia. El busto realmente es una pieza única en el mundo, con una sala dedicada en exclusiva. El museo está custodiado con excesivo recelo, hay vigilantes en todas las salas y, para más inri, me exigieron en dos ocasiones ponerme el jersey que llevaba, no podía llevarlo a los hombros ni atado a la cintura. Aún no entendemos el motivo (ni el posible potencial destructivo de mi jersey).
Subimos en paralelo a la Isla de los Museos y paramos para almorzar un currywurst (cerveza y pretzel incluidos) y de ahí al Nostalgiemarket, un autentico mercadillo callejero para coleccionistas de libros, discos, monedas, billetes, sellos y, sobre todo, artículos para los nostálgicos y amantes de los pequeños iconos de la extinta DDR o la época hitleriana. Merece la pena sin duda.

Otro paseo hasta Friedrichstrasse y de ahí llegamos en metro hasta la Gendarmenmarkt. El día del free tour estaba ocupada por una carpa y gradas de un concierto anterior, de ahí que volvimos para verla ya expedita. Ahora tanto la catedral francesa como la alemana lucían en su esplendor.
Volvimos a la zona de nuestro hotel para unas compras y descansar antes de volver a la Potsdamerplatz.

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